Summary
Cuando el salvadoreño Carlos Romero salió la mañana del 20 de marzo de su casa rumbo al trabajo, jamás sospechó que perdería su libertad, que no volvería a encontrarse con su esposa y sus hijos. Su historia es una entre muchas otras que se dan en nuestra capital.
Debido a las fallas en el sistema telefónico del Departamento de Seguridad Nacional e interrupción en el de la corte de inmigración fue poco lo que los familiares pudieron hacer ese fin de semana. Lo único que sí supieron con certeza por parte de su abogado era que Carlos sería deportado sin derecho a audiencia ni fianza.Después de las seis semanas de desesperación, Carlos regresó a trabajar en los campos de San Sebastián mientras Ana y sus niñas tuvieron que recurrir a la asistencia social Medicare por primera vez para poder pagar la renta, a Medicaid para cuidado médico y a estampillas de comida para subsistir.See the full content of this document
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Deportación Devasta a Familia
Cuando el salvadoreño Carlos Romero salió la mañana del 20 de marzo de su casa rumbo al trabajo, jamás sospechó que perdería su libertad, que no volvería a encontrarse con su esposa y sus hijos. Su historia es una entre muc...
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