Andamos En Esto

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A eso de las once, en sábado, todavía hay esperanza. Los trabajadores que ya desmayan se han colocado en el mero rincón del Seven, apretaditos en la barda como para darse apoyo. Así, hombro con hombro, aguardan al salvador del día que vendrá a proponerles algún trabajo que les dé para comer. "Ya no pido más", me dijo José, asegurándome que a diario se juega la suerte en este mismo punto. "Pero si usted vuelve aquí es porque gana dinero..." No se crea, señito, las cosas ya se están saliendo de control. La gente tiene miedo de levantarnos porque luego creen que les van a mandar a la migra. Un buen día es cuando nos levantan para dos o tres trabajos, y a todos. Cobramos por hora y si nos pagan bien conseguimos para guardar un poquito, hasta que nos caiga otra oferta. El promedio de ingresos de estos trabajadores no supera los sesenta dólares al día. Los empleadores pagan por hora. "Siempre regatean... es que no hay dinero". Parecen resignados. La crisis hipotecaria nos está afectando a todos, acabó por concluir aprovechando una pausa larga. Aquí se comprueba más que en otros campos. Hay áreas donde largas hileras de casas lucen los cartelitos que indican que están en venta. La mayoría están en trámites de embargo por compañías crediticias. De noche da tristeza verlas, a oscuras, dueñas tan solo del glamour pasado que ya no las deja lucir como cuando eran nuevas.

A medida en que avanza el día las ilusiones se adelgazan y comienzan las explicaciones. Es que ya la gente no quiere que le arreglen su jardín o que le pinten algún cuarto. "Muchos han perdido sus casas". Don Rafa conoció hace poco a un grupo de amigos que se dedica a restaurar casonas abandonadas. "Se van a buenas zonas y las limpian bien." Alguien los alentó a comprar una y a venderla, para iniciar su propia empresa. Pero no es tan fácil. Tuvieron que asociarse con "un gabacho". ¿Tiene familia? remato para ir en esa dirección. Sí, señito, en Veracruz y en Zacatecas. Y para hacerle ver que conozco ambos estados bien, le digo que no me explico como se llevan con temperamentos tan distintos... "Así, es..." abunda, ya en confianza. No nos llevamos. Unos somos más ruidosos y habladores y los otros son callados. Pero yo soy callado, a veces, yo creo que me llevo más con los de Zacatecas. Y, mientras la plática transcurre apacible, alguno nos toca el claxon para mostrar desacuerdo por nuestra existencia. Una risa distraída se le escapa a Antonio, uno de los más silenciosos. "Parece que no nos quieren", subrayo para escuchar su opinión. "¡Ey!" oigo con parquedad. Y sigue una larga pausa que indica que he dado con un punto sensible.

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Andamos En Esto

Los emigrantes se resguardan de su tiempo, de los gobiernos, de la historia. Su visibilidad los vuelve vulnerables y a veces, también, invisibles, extraña paradoja. Parecería que han hecho un conjuro. Están sin estar... "No hay nada que perder..." me comentó un amigo que se subió con un grupo de ellos en una camioneta que cruzó por el lado de Otay. "Van convencidos de que se juegan su última carta." Y a diario tientan a la suerte... "¡Qué más...!" dijo Martín. "Qué otra queda", t...

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