Summary
Nosotros no podemos captar en su totalidad el misterio trascendente de Dios, él es eterno, perfec- to e infinito. Nosotros somos temporales, defec- tuosos y finitos. Dios, frente a quien nosotros permanecemos sobreco- gidos por nuestra propia pequenez, es santo. Sin embargo, en su grandeza él ha querido ser "Dios con nosotros." En la confiada seguridad de que nosotros no caminamos solos ni seguimos nuestra ruta sin rumbo fijo a través de una realidad sin sentido, podemos encontrarnos cada día con esa tranquilidad de espíritu y esa seguridad de alma que pertenece solamente a una persona de fe. Nosotros podemos decir continuamente "Amén Yo Creo" cuando hacemos frente a las dificultades, pruebas, decepciones, inconvenientes, tragedias e incluso la muerte.
Cada artículo del Credo que afirmamos, no es una proposición intelectual que nosotros confirmamos como si estuviéramos poniendo juntas las piezas de un rompecabezas. Por el contrario, es nuestro reconocimiento personal de un reino de realidad espiritual al centro del cual está Dios a quien hemos llegado a conocer a través de Cristo Jesús quien al mismo tiempo es Dios, y uno de nosotros. La efusión del Espíritu Santo no es una proposición teológica sino una realidad divina que nos ofrece unicidad con un Dios totalmente trascendente, pero a la vez un Dios completamente amoroso y personal. La Iglesia existe en nuestro medio no como una respuesta social a las necesidades humanas sino como la expresión avivada por el Espíritu de la dimensión total de la realidad humana que el ojo no puede ver, ni el oído puede oír, y tampoco ha sido dejada para que la mente de los humanos la pueda imaginar.See the full content of this document
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Amén, Yo Creo
A medida que concluimos nuestro recorrido a través de la Parte Uno, "El Credo: La Fe Profesada" del Catecismo Católico para Adultos de Estados Unidos y su fuente, el Catecismo de la Iglesia Católica, mi esperanza es que algo de la belleza de l...
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